Mi propósito

Hace días que pienso mucho sobre mi propósito, que quise convertirlo en mi trabajo, pero hay algo que no acaba de funcionar.

Cuando te lo pasas mal en la vida y acabas saliendo de ese pozo, te surge la “necesidad” de ayudar a los demás.

Primero porque piensas que me hubiera gustado encontrar a alguien que me ayudara, segundo porque no quieres que nadie pase por esas cosas que tanto duelen.

Te enfocas en formarte, en intentar acallar al síndrome del impostor y en alejarte de las personas que no parecen comprenderte.

Pero creo que el tiempo es un gran maestro, junto con la soledad y Dios, porque aprendes a que eso que quieres evitarles a las personas son cosas que en realidad necesitan vivir para aprender, igual que aprendí lo mío y sigo haciéndolo.

Además, yo no soy nadie que sepa más que esos tres grandes maestros y, por tanto, mi ayuda es infinitamente más pequeña.

Y tengo que ser honesta, porque el ego nos pone muchas trampas, mientras estoy “ayudando” a alguien, yo no me tengo que ocupar de mí, ni miro mis heridas, muchas de las cuales todavía siguen abiertas.

El ego nos quiere cobardes :).

Pero volviendo al punto, no me gusta la palabra “coach”, ni “mentor”, porque de verdad lo pienso, creo que no existe mejor experiencia que parar un momento para acallar al ego, poder escuchar a Dios y que tu alma te guíe.

No necesitamos más voces externas que nos digan qué debemos hacer, pensar o sentir.

No, en realidad, todo lo que necesitamos está en nuestro corazón, solo debemos darle la oportunidad de hablar.

Porque estos días me he dado cuenta de que Dios me conoce mejor que yo misma y sabe lo que es lo mejor para mí, solo debo dejarle el control a él, confiar y aceptar lo que sea, me duela o no.

Por eso, yo como mucho puedo acompañar a alguien que quiera salir de cualquiera de esos pozos, o quiera mejorar en su vida, que sienta que hay alguien que intenta comprenderle, pero nunca pretendiendo arrebatar el lugar de Dios o de su propia alma.

Por eso, a partir de ahora, intentaré que todas mis palabras sean solo una simple manifestación de mis emociones o pensamientos, no con el fin de aconsejar a nadie, sino simplemente de compartir lo que piensa o siente un simple ser humano como lo soy yo.