• Diferencias entre una relación sana y una tóxica.

    Vivir una relación de dependencia no es fácil y salir de ella mucho menos.

    Tu mente consciente sabe lo que es bueno para ti, pero tu parte inconsciente prefiere seguir en esa relación, ya que en algún momento fue positiva y generó en ti esa dependencia de la que ahora mismo te cuesta tanto salir.

    Cuando alguien no lo ha vivido no lo puede comprender y quizás te diga que es fácil, pero esta adicción puede ser tan fuerte o más que una adicción a una sustancia tóxica.

    Para sanarla necesitas dosis muy grandes de:

    .- Autoestima

    .- Comprensión

    .- Paciencia

    .- Fortaleza mental

    .- Sanar emocionalmente

    .- Cuidarse de forma holística, cuerpo, mente y alma.

    .- Acompañamiento imparcial

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  • Honra a tu niña/o interior.

    Una de las cosas que primero recomiendo en las sesiones, si se da el caso, es que busques una foto de cuando eras niño o niña y la pongas en un marco a vistas.

    Y ¿por qué?, porque creo que muchas de las cosas que nos duelen en nuestro presente, son reacciones a ciertas heridas que sufrimos en nuestra infancia y que aún no están curadas.

    El pasado sigue viviendo en nuestro inconsciente y si en ese pasado hubo dolor seguiremos respondiendo a cualquier cosa que nos lo recuerde, por eso para mí es tan importante ir a ese pasado doloroso, sanarlo con amor y una vez la herida se ha “cicatrizado” vamos a poder vivir nuestro presente de forma más sana.

    Pero, ¿cómo podemos hacer eso? Pues para mí buscar una foto de nuestra niña que nos guste, ponerla en un marco bonito, dejarla a vistas y mirarla a los ojos para conectar con ella, nos va a ayudar.

    Cuando la mires a los ojos intenta recordar lo que sentía ella, pensar si realmente se merece vivir el dolor que ahora estás viviendo tú, sea el que sea, y como seguramente la respuesta sea “no” entonces decirle que a partir de este momento vas a cuidar de ella como nunca nadie antes lo hizo, porque tus padres, hicieron lo mejor que supieron y pudieron, pero ahora es tu momento y tú puedes ocuparte de él o ella.

    Comprometerte con ella (y como ella vive dentro de ti) también te comprometes contigo mismo/a, que vas a hacer todo lo que esté en tu mano para que se sienta querida, respetada y cuidada, que a partir de ahora le das su lugar y que ya no volverá a sentirse sola nunca más porque te tiene a ti, a la persona adulta que eres, capaz de responsabilizarse de ella.

    A veces nos da miedo volver a mirar el dolor que sufrimos porque creemos que no podremos soportarlo, pero en realidad una vez lo miramos con amor, ese dolor deja de doler y el miedo, eso que nos alejaba de una vida mucho más sana a todos los niveles, va a desaparecer.

    Mirar a los ojos de tu niña o niño es lo único que necesitas para comprender cuánta soledad y dolor sigue soportando esa niña/o que fuiste sin tener culpa de nada.

    Hacer las paces con ella te va a dar la fuerza, el valor, el compromiso y la ilusión para seguir queriendo progresar en tu vida.

    Él/Ella era inocente y tú también y, por tanto, nadie merece sufrir de ninguna forma, pero él o ella no tenía los recursos para dejar de sufrir, ahora tú los tienes, así que solo está en tus manos curar ese dolor y crear un presente y un futuro próspero para que el niño o niña que fuiste se pueda sentir SEGURA y AMADA en tu corazón.

  • Caso: maltrato paterno

    Cuando somos niños necesitamos el amor incondicional de nuestros progenitores, es algo que aceptamos y asumimos como algo normal, pero no siempre lo puede vivir todo el mundo.

    Nuestra madre nos suele dar más cariño, cuidados, comprensión, mientras que nuestro padre nos aporta protección, aceptación y normas. Obviamente, esto son generalizaciones, pero es a través de esas dos energías que nuestro ser va creciendo y equilibrándose a nivel mental y emocional.

    Pero, ¿qué pasa cuando eso no se da? Quizás alguno de ellos no esté por la labor de darnos esas cosas que cualquier niño necesita, bien porque no esté física o emocionalmente.

    Tenemos que recordar y entender que somos víctimas de víctimas, pero mientras somos niños no somos capaces de comprender esta realidad. Los niños son libros en blanco dónde escribir creencias que tanto pueden hacer despegar su vida como hundirla en un pozo del cual será muy difícil de salir.

    En la infancia se rompen ilusiones, ese amor que creíamos nos merecemos tan solo por el simple hecho de existir, nos damos cuenta de que viene condicionado por nuestro comportamiento o nuestras cualidades que si no son las que nuestros progenitores desean van a ser cuestionadas, criticadas y hasta anuladas, con el consiguiente daño emocional y mental que eso supone.

    Ese daño sigue vivo en nuestra mente y en nuestro corazón y lo hace hasta que no somos capaces de ir ahí, ver el dolor, mirarlo con amor y como por arte de magia, hacer que se puedan cicatrizar las heridas. Pero esto no se consigue tan fácil, nos asusta mirar al dolor de frente, porque seguimos siendo esos niños heridos que siguen sin entender por qué se merecen este castigo y no quieren volver a sentir ese daño porque les da miedo y ya sabemos que nuestra mente nos aleja constantemente de cualquier cosa que nos genere miedo, ya que su función es evitarnos cualquier peligro y para la mente, miedo es igual a peligro.

    En este caso, si el maltrato viene por parte de la figura masculina, vamos a sufrir más con el desamor, ya que el padre nos enseña cómo nos tienen que querer nuestras parejas, o cómo debemos quererlas. También vamos a verlo reflejado en la dificultad a la hora de prosperar económica o laboralmente, puesto que tiene mucho que ver con la forma en la que nos sentimos capaces de progresar en nuestra faceta profesional, porque tiene mucho que ver el merecimiento y la toma de acción.

    Esas heridas, en general, se reflejan cuando somos adultos a través de síntomas como depresión, falta de autoestima, ansiedad, agorafobia, sobrepeso, falta de valoración, falta de motivación y esos síntomas, entre otros, si no se tratan, derivan en adicciones, bien a la comida, drogas, a una persona tóxica, bebida, compras, juegos… cualquier cosa que anestesie ese dolor que sigue sintiendo el niño o la niña que llevamos dentro.

    Pero nos olvidamos que tenemos una mente que, aunque parece que juega en nuestra contra, la podemos utilizar para que nos ayude. Y ¿cómo? Pues empezando a hacer cosas exclusivamente por y para ti, desde ir a terapia, meditación, diario de emociones, respiraciones conscientes, aceptación incondicional, sanar nuestra niña interior, autocuidado, reprogramación mental, etc.

    Está exclusivamente en nuestra mano, sanar las heridas de nuestro niño o niña interior que siguen reflejándose en nuestro día a día de formas muy diferentes, pero es con base en una sana autoestima ayudada por nuestra fortaleza mental, que podemos conseguir el poder de sanar y vivir una vida abundante en todos los aspectos y devolver al niño que fuimos todo el amor que le faltó.

  • Hormonas de la felicidad, ¿amigas o enemigas?

    La cara oculta de las hormonas de la felicidad, oxitocina, serotonina, dopamina…opino que tienen dos caras dependiendo desde dónde se generen, desde el amor o desde el miedo.

    Viajar, amar, comprar, comer, beber… generan oxitocina (la hormona de la felicidad) y está muy bien en su correcta dosis, pero el cerebro quiere sentir el placer que le generan esas hormonas para no tener que “sufrir” lo que conlleva lo que otras hormonas no tan agradables nos hacen sentir cuando estamos solos con nosotros mismos y nos tenemos que enfrentar a las heridas emocionales que no están sanadas.

    Esas heridas siguen actuando constantemente, porque están en el inconsciente. Tenemos que saber que el inconsciente siempre vive en el presente, porque para él la línea temporal espacio-tiempo no existe, por eso, si hay dolor no sanado del pasado, seguirá doliendo en tu presente.

    Y ¿por qué caemos con tanta facilidad en la adicción a relaciones, comida, juego, compra, viajes? Porque el cerebro funciona con la ley del mínimo esfuerzo, si cuando compra, ama, come, viaja, etc. ha visto que le produce hormonas que le hacen sentir “bien” nos va a enfocar en esas cosas constantemente.

    ¿Y por qué cuando no lo obtenemos el síntoma que produce nuestro cuerpo es ansiedad? Porque le da miedo el futuro sin ello y por eso no nos calmamos hasta que obtenemos nuestra “dosis” de alguna de esas hormonas enmascaradas en cualquiera de esas circunstancias.

    Entonces se entra en un círculo vicioso del que es muy difícil salir, porque tu cerebro está en constante alerta buscando generar esas hormonas con cosas que provienen del exterior, y nos volvemos “adictos” a esa fuente de “felicidad” pero que a medio-largo plazo lo que hace es convertirse realmente en nuestra fuente de infelicidad porque si no obtenemos nuestra dosis diaria, eso nos hace sentir muy mal.

    Cuando entramos en ese círculo vicioso es muy difícil ver con claridad y de forma consciente cuando un amor se vuelve tóxico, o comemos comida basura, o bebemos en exceso, o compramos cosas innecesarias y lo justificamos de innumerables formas diferentes para autoconvencernos de que todo eso es bueno para nosotros.

    Síntomas como la depresión se genera cuando no tenemos esas cosas que creemos son la felicidad, porque no las podemos conseguir por cualquier motivo y hace que nuestro autoconcepto se vea condicionado con base a si podemos tener o no tener todo eso y es ahí cuando baja mucho la autoestima y en consecuencia volvemos a entrar en ese círculo vicioso para intentar “subirla” consumiendo de nuevo de una forma rápida y nada sana.

    La consecuencia de esa búsqueda constante en el exterior conlleva una desconexión de nuestro mundo interior y, por tanto, nos convertimos en seres incapaces de autogenerarnos dichas hormonas basándonos en conductas que provengan exclusivamente de nuestras propias decisiones personales.

    Es decir, comprometernos con algo que dependa exclusivamente de nosotros y nuestras acciones y ¿por qué cada vez esto tan fácil de decir se vuelve más difícil? Porque estamos constantemente recibiendo dopamina, la hormona que es la antesala de la felicidad (que proviene de estímulos externos, RRSS., comida rápida, no cocinamos, nos lo traen hecho, no vamos al cine, lo tenemos en casa, etc.) y eso no nos permite enfocarnos con claridad en algo que provenga de nuestro interior.

    Estamos buscando constantemente en el exterior para no estar conectados con nosotros mismos y esta conducta en vez de acercarnos a la felicidad nos aleja de ella, además esta búsqueda se ha convertido en algo urgente, no tenemos paciencia en la obtención de resultados, hemos acostumbrado a nuestra mente al “todo ya”.

    Pero cuándo viajar, amar, comprar, comer, beber… ¿Está bien? Cuando conseguimos primero hacer el esfuerzo inverso, es decir, nos enfocamos en objetivos a medio-largo plazo y vemos los resultados que se han obtenido gracias a ellos, y será ahí cuando sintamos que somos nosotros quiénes tenemos el poder sobre nuestra felicidad porque no provendrá de factores externos, sino de compromisos internos y entonces ahí, en la correcta dosis y de forma sana podremos comer, beber, comprar, amar, viajar, etc. sin que eso suponga el riesgo de caer en algún tipo de adicción.

    Además, habremos aprendido a tener conductas sanas, es decir, no aceptaremos nada que nos genere algo negativo para nosotros, todo lo contrario, al sentirnos dueños de nuestras vidas, vamos a tomar decisiones mucho más conscientes en relación con el nivel de salud que nos pueden generar todos esos estímulos externos.

    Y volviendo al principio, si dichas hormonas se generan desde el miedo de no enfrentarnos al dolor que no está sanado de nuestra alma, es ahí cuando se convertirán en adicción, mientras que si las generamos desde el amor del compromiso adquirido con nosotros mismos, serán fuente de placer y salud.