Palabras para ti.

Para quién escribo?

Foto de Dzenina Lukac

Foto de Dzenina Lukac

Escribo para ti, si me quieres leer. Pero no es para que me leas a mí, es para que te pueda transmitir mis palabras, que quizás de alguna forma perfecta y maravillosa, lleguen a rozar tu alma. 

Sé que suena muy pretencioso creer que puedo tocar de alguna forma tu ser. Tampoco no es esa mi intención. 

Lo que pasa es que me gusta ser lo más sincera y honesta posible y creo realmente que solo cuando sucede entre humanos se produce la magia. Claro que está la naturaleza, ella también nos toca el alma, quizás igual o más que otro ser humano. Pero la naturaleza siempre está ahí, esperando a que nos maravillemos con ella. 

Solo los humanos tenemos la capacidad de hacer algo por el otro. Es decir, lo nuestro, es una elección.

La naturaleza, en sí misma, es perfecta. 

Los humanos nos tenemos que esforzar, tenemos que dejar que salga de nosotros lo mejor. Pero cómo? Este es el dilema.

Pero a lo que iba, quizás por mi edad y mi situación, dirijo mis escritos a personas como yo. Esas que nos encontramos en una etapa de la vida en la que ya hemos luchado lo nuestro y aunque que estemos solas o no, pero ya sabemos lo que significa la soledad, somos esas mujeres que estamos trabajando en algo que quizás no tiene mucho que ver con nuestros sueños, aunque miramos a ese trabajo como si de una lotería se tratase. Esa edad, para las que tenemos hijos, en la que esas personitas son ya más suyos o suyas, que nuestros. 

Los humanos vivimos la juventud como esa etapa en la que se experimentan multitud de cosas, pero en realidad, no hay nada como nuestra edad, para saber lo que vale realmente un peine, como dirían nuestros padres.  

Experimentamos la soledad, el abandono, el desprecio, el que el amor de tu vida no te quiera, el que prefiera a otras u otros, que no tengas trabajo, o un hogar, que tus amigos o amigas te den la espalda, simplemente por  luchar por tu vida de forma diferente a como ellos creen que deberías hacerlo, que la gente no te entienda, que intentes que tus hijos no se den de bruces y tienes que ver como se dan de bofetadas por todos lados, mil situaciones vividas por unos y por otros pero que nos duelen, o mil cosas más. Cada uno y cada una de nosotros, tiene la suya. Y ninguna es más importante que otra, cada uno, vive su vida y sus circunstancias, como mejor sabe y puede. 

Experimentamos el hecho de haber dado mucho, entregado media vida a tu ex-pareja, a tus padres, a tu familia, a tus hijos y la otra media a tus trabajos y no parece que nada de eso regrese a ti. 

Estamos en esa edad en que te planteas, aunque no quieras hacerlo, el preguntarte, qué he hecho con mi vida? Cuándo la dejé de lado para esforzarme por los demás?.

Escribo para esas mujeres (y hombres también, ojalá se sientan identificados) que tienen más heridas en el corazón que remiendos. Que su día a día se centra más en buscar como “curarse” que en vivir.

Otra vez más, intentando ser mejores, ser una mejor versión de nosotras mismas para alguien, aunque nos engañemos creyendo que es para nosotras. Parece que tenemos adherido en el ADN esa necesidad imperiosa de ser mejores, para que nos miren, para destacar entre los demás o para que sencillamente nos quieran y nos acepten. 

A veces creo que nos volvemos a olvidar de vivir, porque ahora, nos centramos en entender porqué o para qué nos sucedió lo que nos sucedió. Cómo aprender a curarnos esas heridas que dejamos que nos infligieran?. Seguramente hacemos eso para ser perfectas, para que no sea un esfuerzo para el otro querernos, aceptarnos. Porque el hecho de ser “perfectas” hace que para esa otra persona sea fácil amarnos. 

Y yo creo que cada ser humano tiene un tesoro dentro, un corazón, seguro que lleno de heridas, pero precioso igualmente. Está latiendo, está viviendo. Solo quiere ser feliz. Él no pide nada especial, creo que solo necesita ser aceptado, tal y como es. 

Pienso que si lo amamos, entonces, él nos devolverá toda la magia que sabe hacer. Nos dejará brillar, porque sencillamente, le estaremos dejando en paz. 

Da igual las heridas, da igual el pasado, da igual el futuro incierto, da igual que no nos quieran ni valoren lo suficiente, todo eso, creemos que daña a nuestro corazón, pero lo que realmente le duele, es que nosotras o nosotros mismos, le estemos pidiendo que sea mejor, diferente, que no llore o no ría cuando lo necesite, que siempre le pidamos más de lo que da y menos de lo que siente.  Le estamos todo el día amargándole la existencia, cuando él solo quiere seguir a su ritmo. 

Pero volviendo al principio, cómo dar al otro lo mejor de mí?. Siendo, simplemente, siendo, sin juicios ni condiciones, para darle a mi alma lo que necesita y para sentir que lo que doy a los otros es simplemente, lo que soy.

Amarnos, para dar y dar para ser felices. 

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