Personas que tocaron mi corazón

  • La delicadeza

    La delicadeza. El camino hacia nuestro corazón.

    La delicadeza de un camino.
    Foto de Skitterphoto

    Creo que a todos en la vida nos ha sucedido algo, algún momento, alguna persona, alguna situación, algún libro o película, algo simple pero grandioso, en el que nos dimos cuenta que teníamos que querernos sí o sí. Que no existía otra opción que ser delicados con nosotros mismos. Aceptarnos tal como somos y aceptar al otro de la misma forma. Ese lugar donde empezar a caminar con delicadeza hacia nuestro corazón.

    Seguro fue una milésima de segundo en la que se paró el tiempo y nos susurró al oído, que nosotros éramos lo más importante.

    Quizás fue una película, como en mi caso. Aunque necesité verla 10 veces para que se me parara el tiempo y pudiera oír el mensaje.

    Hasta leí el libro sabiendo el final, disfrutando de cada frase. Volví a ver la película, intentando unirlo a lo que me imaginé leyendo el libro.

    Para mí, esa historia de personas sencillas, se ha convertido en algo extraordinario. Porque quizás no somos las personas las que convertimos en extraordinaria una vida, sino lo que sentimos y lo que hacemos con eso que sentimos.

    Los humanos somos capaces de transformar el dolor, la soledad, la «fealdad» en algo completamente distinto y solo lo conseguimos a través de nuestros sentimientos.

    Pero quién es el verdadero motor de eso? de la vida y de las emociones?. Nuestro más absoluto tesoro. Nuestro corazón.

    Sin él, sencillamente, no hay vida, sin lo que siente nuestro corazón, nuestra vida se convierte en algo vacío y sin sentido.

    El libro de David Foenkinos «La delicadeza», nos lleva a un viaje a través de ese camino. El camino de reencontrarnos con nuestro corazón, a través del amor. Es junto con el respeto hacia uno mismo y hacia el otro, cuando llegamos a nuestro jardín, ese que siempre intentamos ocultar.

    Respeto hacia el amor, defendiéndolo con uñas y dientes, pero con delicadeza. Porque es a nuestro corazón al que estamos defendiendo, a nosotros mismos. Y podemos defenderlo porque estamos sencillamente hechos de amor.

    Ese órgano que no para de latir nos ama porque nos permite vivir. Debemos devolverle ese tesoro, amándole, guardándolo de todo aquél que quiera vaciarnos, alejándonos del miedo y para eso necesitamos de nuestra delicadeza.

    El miedo tiene muchas caras, muchos momentos, muchas situaciones, hasta personas. Pero no se trata de luchar contra eso, creo que, simplemente, se trata de defender a nuestro corazón con amor y él nos guiará a dónde tengamos que llegar.

    Ese es nuestro camino a seguir, para llegar a un lugar en donde estemos a salvo. Llegar a un jardín en el que los recuerdos no nos duelan. Un lugar donde entender que ser feliz es posible.